Callos y callosidades

Descripción

Las callosidades son trastornos que aparecen en ciertas zonas de la piel, y que se van haciendo más gruesas y duras, generalmente en zonas sometidas a rozamientos y traumatismos repetidos, como sucede en la planta y caras laterales de los pies, en contacto con los zapatos. Algunas veces el engrosamiento y endurecimiento de la piel conocido técnicamente como hiperqueratosis, adquiere una forma más dura, en forma de cono doloroso y se localizan en las articulaciones de los dedos de los pies o entre los mismos.

Su frecuencia hace que sean extremadamente conocidos por la población general, constituyendo un problema que afecta crónicamente a muchas personas que necesitan ir periódicamente al podólogo.

Causas

Los callos y las callosidades se deben a la presión y al roce continuado sobre zonas duras, por lo que son especialmente frecuentes en los pies y en particular en las zonas donde existen prominencias óseas, con mayor incidencia en las mujeres por el tipo de calzado que utilizan que comprime los pies.

También se pueden observar en las manos, especialmente los trabajadores manuales, que provocan con las herramientas rozamientos y presiones continuas sobre determinadas zonas de la cara palmar de las manos.

La forma y tamaño de los callos es variable, pudiendo adquirir un tamaño a veces como un garbanzo o incluso mayor. Entre los dedos, las callosidades, es decir, el engrosamiento de la piel, suele ser más blando que cuando éstas se encuentran en zonas de protección de los huesos del esqueleto del pie.

Síntomas

El síntoma más común de los callos y de las callosidades es la presentación de una piel gruesa, dura, que a veces puede ser dolorosas o muy sensible a la presión, especialmente al ponerse zapatos muy ajustados o caminar excesivamente sin un calzado adecuado.

Algunas veces estos endurecimientos de la piel están condicionados por ciertas deformidades anatómicas como sucede en las personas que tienen hallus valgus (juanetes) o que presentan pies planos u otras deformidades en los pies. Las callosidades entre los dedos pueden resultar especialmente dolorosas y provocar pinchazos intensos que producen cojera y dificultan la marcha.

Diagnóstico

El diagnóstico de los callos o callosidades, conocidos también con los términos más técnicos de papilomas, es muy fácil y generalmente lo hace la propia persona que lo padece. Sin embargo, no se deben confundir con las verrugas plantares, que son lesiones que también aparecen con más frecuencia en las zonas de roce, pero que son producidas por un virus y que penetran en profundidad en la piel, aunque a su alrededor exista una zona de engrosamiento de la piel que simula o es semejante a los callos corrientes.

La distinción entre estas dos lesiones frecuentes consiste en eliminar con una cuchilla la piel gruesa superficial, poniendo al descubierto cuando se trata de una verruga la existencia de la misma, con su color típico blanquecino y pequeños puntos negruzcos en el centro que se corresponden con pequeños trombos producidos en los capilares sanguíneos que llevan la sangre al lugar. Si se trata de un callo, solamente se observará la dureza y el engrosamiento de la piel cuando se eliminan con la cuchilla las capas muertas más superficiales.

PRONÓSTICO

El pronóstico de estos problemas es siempre benigno, si bien en la mayoría de los casos el problema sigue al paciente durante toda la vida, especialmente cuando no se corrige la causa que los provocan. Las complicaciones son excepcionales.

Prevención

Respecto de la prevención hay que utilizar un calzado adecuado, amplio, flexible. La corrección de las alteraciones anatómicas del pie por un especialista son la mejor manera de prevenir estos problemas tan frecuentes y latosos.

Tratamiento

La curación completa de los callos y de las callosidades es difícil si no se corrigen las causas mecánicas subyacentes, que se describieron en el apartado correspondiente. Por tanto, para el control de este problema se puede hablar de un tratamiento paliativo para disminuir las molestias y reducir el grosor y el tamaño del endurecimiento de la piel, y en segundo lugar del tratamiento concreto de la causa que origina el problema.

Para disminuir la presión y el roce sobre la superficie del callo, es importante utilizar zapatos amplios, blandos, preferiblemente de cordones para que ajusten bien al empeine del pie, y que sean holgados, lo que se puede conseguir comprando un número mayor al que habitualmente corresponda. Es conveniente que el zapato sea de punta ancha para que el pie se encuentre desahogado dentro y, a veces, resulta útil la utilización de almohadillas, anillos o parches protectores que se pueden conseguir de forma y tamaños variables, de forma que disminuya la presión y el roce sobre las zonas más castigadas. A veces es conveniente utilizar plantillas ortopédicas colocadas en el zapato para cambiar la mecánica del pie al caminar. El examen del pie por un ortopeda resulta, por tanto, conveniente en muchos casos.

Para ablandar y eliminar la dureza del callo se pueden utilizar productos que reblandezcan la queratina, es decir, la capa superficial muerta de piel que constituye el grueso del callo. Con este objetivo, es útil el ácido salicílico que se puede utilizar al 10% ó 20% mezclado con vaselina, o en forma de emplastos al 40%, evitando que el medicamento contacte con la piel normal, pues al reblandecerla puede úlcerarse. Cuando se quiere conseguir una aplicación muy precisa de esta sustancia en la zona dura, se puede pintar con esmalte y un pincel la piel sana para protegerla en caso de extralimitarse en la aplicación del tratamiento más allá de la propia dureza del callo.

La higiene de los pies y el limado con una lija o con una piedra pómez, incluso con una cuchilla estéril (son útiles las hojas de bisturí), permitirá eliminar las durezas y disminuir las molestias provocadas por los callos.

Estas técnicas pueden ser practicadas con eficacia por personas expertas, los podólogos, pero la mayoría de las veces pueden ser auto administradas por los pacientes con un adiestramiento adecuado. Hay que llamar la atención de aquellos pacientes que tengan trastornos circulatorios o diabetes, en los que pueden producirse úlceras.

En algunas ocasiones puede estar indicado el tratamiento quirúrgico, aunque si se hace correctamente lo explicado anteriormente rara vez son necesarias estas técnicas más agresivas.

Enviado por Jesús Herrera

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Comentarios de los lectores

Hay un comentario para “Callos y callosidades”

  1. el 27 Jul 2012 a las 12:49Laia

    el mejor podologo que me ha tratado las callosidades de los pies ha sido el de clinica mapfre de medicina del tenis. Se nota que son profesionales, sin duda alguna si algun dia tengo otros, ire ahí!

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