Cáncer bucal y faríngeo

El cáncer bucal y faríngeo, al igual que otras enfermedades neoplásicas, es causado por mutaciones de los genes reguladores del desarrollo de las células. Las mutaciones contribuyen a la carcinogénesis (formación de cáncer) de la siguiente manera:

  • Promoviendo un crecimiento celular descontrolado
  • Suprimiendo las funciones de los genes inhibidores de tumores (los cuales están presentes en todos los seres humanos)
  • Promoviendo el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis) que nutren al tumor en crecimiento
  • Facilitando la metástasis

Las lesiones potencialmente malignas se pueden presentar en formas variadas y pueden incluir:

  • Eritroplasia o Leucoplasia (lesiones planas rojas o blancas respectivamente)
  • Ulceración
  • Fracaso en la cicatrización de una herida
  • Inflamación de la cadena de ganglios linfáticos de una zona determinada (linfadenopatía)
  • Induración de una lesión
  • Dificultad para tragar
  • Crecimiento de tejido.

Las lesiones rojas (eritroplasia o eritroplaquia) son más importantes por tener una mayor tasa de malignidad que las lesiones blancas (eritroplasia o eritroplaquia). La infección por el hongo Candida Albicans sobre una placa blanca parece incrementar el riesgo de transformación maligna de la misma.

Adicionalmente, las infecciones con trazas de virus de papiloma humano (VPH) y virus herpes simple (VHS) han sido implicadas como causantes del cáncer bucal. Otros factores potencialmente predisponentes incluyen: uso de enjuagues bucales con alto contenido de alcohol, anemia crónica por deficiencia de hierro, liquen plano erosivo, fibrosis submucosa bucal y queratosis actínica. El cáncer del labio ha sido asociado con la exposición al sol.

Determinación del riesgo

La determinación del riesgo para cáncer bucal y faríngeo incluye una evaluación de la exposición del paciente al tabaco y al alcohol, y un examen para identificar lesiones sospechosas y condiciones predisponentes al cáncer.

Todos los productos del tabaco han sido asociados al cáncer bucal y faríngeo. El riesgo para el cáncer bucal se eleva de 6 a 28 veces en fumadores activos. El alcohol es igualmente un factor de riesgo, y combinado con el uso del tabaco cuenta por 75 al 90% del cáncer bucal en los EE.UU.

Una relación dosis-respuesta ha sido demostrada para los fumadores de cigarrillos, y el riesgo general de cáncer es de 7 a 10 veces mayor entre los usuarios, que en aquellos que nunca han fumado. Adicionalmente, los individuos que han padecido cáncer bucal específicamente tienen mayor riesgo de desarrollar otro cáncer primario.

Diagnóstico

En la actualidad el diagnóstico del cáncer bucal y faríngeo implica un examen físico intrabucal y extrabucal sistemático para identificar las lesiones y condiciones que pudieran ser precancerosas o indicativas de predisposición al cáncer.

La Biopsia es esencial para confirmar las observaciones clínicas. La sensibilidad y especificidad de una biopsia de barrido (pasar un hisopo especial sobre la lesión) ha sido establecida en múltiples juicios clínicos.

La tecnología de imágenes (radiografías, resonancias, tomografías, etc) también es empleada para determinar la extensión de la lesión.

Actualmente está claramente establecido que los individuos con cáncer bucal y faríngeo localizado tienen mejor pronóstico que aquellos cuya enfermedad es detectada con expansión regional o distante. La Sociedad Americana de Cáncer recomienda una evaluación anual para los individuos por encima de los cuarenta años o para aquellos expuestos a riesgos conocidos.

Prevención

La prevención primaria implica evitar los agentes carcinogénicos conocidos, principalmente el tabaco en cualquier forma y el uso excesivo del alcohol.

Adicionalmente se recomienda el uso de humectantes labiales con bloqueadores de rayos ultravioleta (UV). Una dieta con alto consumo de frutas y vegetales podría reducir el riesgo del cáncer bucal y faríngeo hasta en 30 a 50%.

Tratamiento

El diagnóstico del cáncer en una etapa temprana debe seguirse de un tratamiento inmediato y conservador de los tejidos afectados. Algunas lesiones incipientes pueden ser tratadas exitosamente con una biopsia excicional (remoción de toda la lesión con cierto margen de tejido sano alrededor); otros casos más avanzados requieren una biopsia incisional (obtención de una muestra de la lesión para su estudio) y cirugías adicionales, radiación y/o quimioterapia.

Debe enfatizarse la preservación de la función y apariencia estética.

La prevención es el mejor tratamiento

Acuda a su odontólogo al menos una vez al año para un examen clínico y radiográfico. Una radiografía panorámica nos da una visión total de ambos maxilares, todos los dientes y las estructuras vecinas y si queremos ver alguna zona más detalladamente obtenemos radiografías adicionales.

Elizabeth Schummer

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