El divorcio y sus efectos en los hijos

“Te quiero contar que mi mamá y mi papá se separaron. Al principio todos estuvimos tristes y ahora aprendimos a vivir de otra forma y estamos contentos nuevamente”.

Divorcio y los hijos

Portada del libro didáctico “Mis papás se separaron, ¿qué siento y entiendo yo?“, escrito por la sicóloga Tania Donoso.

Cuando la familia se desintegra, muchas veces los hijos sufren los efectos del divorcio: momentos de intenso dolor debido a sentimientos de culpa y a la necesidad de vivir bajo el mismo techo de ambos padres.

Así comienzan las primeras páginas de “Mis papás se separaron, ¿qué siento y entiendo yo?”, escrito por la psicóloga infantil y profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, Tania Donoso Niemeyer. El objetivo de este libro didáctico es ser una herramienta de trabajo para que los padres, educadores y pequeños sepan cómo enfrentar una crisis tan intensa.

En una separación no existen ganadores. Las raíces de este doloroso evento se localizan en algún lugar del pasado, antes del evento en sí y traen consigo efectos que se extienden en el futuro.

Etapa de duelo

Confusión, angustia, rabia, tristeza, enojo… El niño estará pasando por una fase de dolor debido a la carencia de sus padres. “Cuando se separan los padres, hay un cambio muy importante en la familia ya que, por lo general, uno de ellos abandona el hogar. Esta es una etapa de duelo para el niño”, explica Tania Donoso.

El pequeño logrará superar esta situación dependiendo de su carácter y de los siguientes factores:

  • Edad y nivel de desarrollo antes del divorcio.
  • Naturaleza del ambiente e interferencias del desarrollo antes del divorcio.
  • Capacidad y habilidad de los padres para mantener el niño fuera de las hostilidades del matrimonio y divorcio.
  • Personalidad de ambos padres.
  • Apoyo de otros miembros de la familia y amigos cercanos en los que el niño pueda confiar.

Los niños necesitan saber que, pese a la separación, pueden contar con ambos padres: una investigación de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, estableció que el 63% de los niños que no tienen contacto permanente con alguno de sus padres luego del divorcio, desencadena cuadros de ansiedad severa y depresión, mientras que el 56% evidencia una baja en el rendimiento escolar.

Reacciones por edad

Entre los 2 1/2 y los 5: regresión, trastornos de sueño, irritabilidad, angustia de separación, solicitud de contacto físico, inhibición de los juegos, temor al abandono, sentimientos de culpa.

Entre los 5 y los 8: tristeza manifiesta, sollozos, sentimientos de rechazo, nostalgia por el padre que se va, fantasías de retorno de este padre ausente, acentuada disminución del rendimiento escolar, temor a ser expulsado.

Entre los 9 y los 12: renuncia a hablar de un problema, intensa ira contra uno o ambos padres, descenso en el rendimiento escolar, deterioro de las relaciones con los compañeros. Está susceptible de ser fácilmente utilizado como aliado por uno de los padres.

Adolescencia: depresión, ausentismo escolar, actividad sexual, intentos de suicidio, abuso de alcohol y drogas

Fantasías y creencias

En su libro “Second Chances”, la norteamericana Judith Wallerstein comunica los resultados de un investigación realizada en hijos de padres divorciados durante los 10 años siguientes a la separación. Las conclusiones son preocupantes y la autora asegura que los hijos no superan fácilmente el divorcio de sus padres.

Cinco años después del divorcio, más del 33% de los niños observados tenían depresión clínica y no se desenvolvían adecuadamente como personas. Al final del período de investigación, el 35% tenía una pobre relación con madre y padre; y un 75% se sentía rechazado por el padre (y no así con la madre).

Sorprendentemente, los que sufrieron más daño y por más tiempo, no eran los niños en edad preescolar, sino sus hermanos mayores que al principio eligieron no mostrar ninguna señal de perturbación, pero que después de una década tenían miedo de confiar en otras personas, siendo incapaces de formar lazos duraderos.

Los niños suelen tener algunas fantasías y creencias negativas respecto de la crisis familiar que están viviendo:

Fantasías: el padre lo va a abandonar para siempre; los padres se pueden herir o matar mientras pelean; puede ser herido o matado durante una pelea; será castigado por los sentimientos de rabia que siente hacia sus padres; no es digno de cariño por parte de sus padre; puede hacer que se unan nuevamente sus padres.

Creencias: el padre que no tiene la custodia se fue porque no lo quería lo suficiente; el padre que se fue no lo ha visitado demasiado porque él no es tan querible, lindo, simpático e inteligente; él es la causa de las discusiones y peleas entre sus padres; él podría haber detenido las peleas de sus padres.

Duras tareas

La separación generalmente viene acompañada de una serie de duras tareas para los pequeños como entender el quiebre marital, dejar de lado las expectativas de restauración del matrimonio y elaborar definitivamente la pérdida y los sentimientos de rechazo.

Una separación ideal -explica la especialista chilena- es aquella en que los padres no involucran a sus hijos como intermediarios o para su apoyo emocional. Es importante que los padres conversen con los pequeños y asuman que, aunque ya no seguirán siendo pareja conyugal, sí serán pareja parental”.

El momento es difícil para todos los miembros de la familia y, por ello, hay que intentar no culpar al otro, sino recurrir al apoyo de familiares y amigos. “Sólo cuando esta instancia no resulta, es recomendable una terapia familiar”, concluye.

“Muchas veces vuelvo a sentir rabia, pena, miedo y soledad. Pero cada vez son más los momentos de tranquilidad y alegría. Palomita me contaba que esto no sólo me pasa a mí, sino a todos los niños que sus papás se separan. Y tú, ¿cómo te sientes? ¿Cuáles son tus preguntas? Conversa con tu mamá y tu papá y te sentirás mucho mejor. Dibuja o escribe tus sentimientos en este baúl como tesoro de tu corazón”, dicen las últimas líneas del libro.

Enviado por Dennis Romero.

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