Fantasías perversas

Lo normal y lo anormal

Cualquier día, el marido titubea un poco antes de abordar el tema, pero luego de un corto preludio confiesa a la mujer que tiene una nueva fantasía sexual o que ha escuchado sobre alguna nueva práctica que le llamó la atención.

El límite entre una perversión y una conducta sana está débilmente definido. Lo cierto es que antes de llevar a cabo una fantasía perversa hay que consultar al especialista.

La fantasía específica puede variar en el amplio rango de la imaginación humana y quizá en la mayoría de los casos no se trate de un asunto como para hablarlo frente al especialista. En otros casos, ocurre distinto y lo que comienza como un simple juego toma carácter de perversión sexual o, como se le conoce actualmente, parafilia.

Una parafilia se define como una condición o práctica que se realiza al margen de lo normal, o de lo que hace la mayoría, y corresponde a una situación que la sociedad considera inmoral.

A diferencia de lo que puede ser un evento aislado en una pareja o relación, la actividad parafílica se instala como una condición para obtener el placer sexual. Así, ocurre que algunas personas no consiguen el orgasmo sino a través de ciertas conductas como el sexo oral o el fetichismo (fijación con objetos como botas, ropa interior u otros).

Parafilia, la nueva clasificación

La Asociación Americana de Sicología (APA) definió, desde principios de los ’90, aquellas conductas consideradas anormales y agrupó con el nombre de parafilias, los comportamientos clasificados -hasta entonces- como aberraciones sexuales, degeneraciones o desviaciones.

Para ello, creo el Manual de Diagnóstico y Estadísticas de Desórdenes Mentales (DMS) y según este instrumento existen varias actividades que, si se transforman en hábito, caen dentro del rango de las parafilias: masturbación, voyerismo, exhibicionismo, sexo oral, fetichismo, travestismo y anoxia orgásmica (asfixia autoinflingida) entre otras.

También están las parafilias más duras, donde se ignora o se somete la voluntad del otro para conseguir placer: violaciones, pedofilia (niños), gerontofilia (ancianos), zoofilia (animales), necrofilia (cadáveres) caen en esta categoría.

El sexólogo y urólogo Eduardo Pino, director de la Sociedad Chilena de Sexualidad asegura que cuando un comportamiento llega a esta condición siempre lleva asociado algún tipo de trastorno sicológico.

Sana perversión

Sin embargo, ¿qué podría importar si una pareja decide probar el sadomasoquismo sin afectar a otros?. Según el especialista, una persona no desarrolla una parafilia al probar algo diferente, sino cuando se obsesiona con algún acto u objeto en particular y lo transforma en condición para alcanzar el placer.

Además, una de estas conductas puede hacerse habitual sin causar daños a otros. Así ocurre, por ejemplo, con la pareja fetichista que escoge un objeto sin el cual no pueden consumar el acto. Son parafílicos, pero su actividad no causa daño a otros.

En este sentido, el límite entre lo permitido y aquello que se debe evitar, está en todo lo que hace daño al otro o que puede perjudicar la salud.

Y, aunque las parafilias no tienen tratamiento, las personas que viven con esta condición debieran consultar al especialista para fijar límites a sus conductas y hablar sobre sus fantasías.

De esta forma, algunas conductas enfermas -como en el caso de los violadores- podrían encontrar otra salida que la de llevar a cabo la fantasía que los obsesiona.

Enviado por Grecia Alemán.

 

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