Prevención del SIDA

SIDA: conocimiento y prevención para ganarle a un virus inteligente

El SIDA es la enfermedad más temida y, sin embargo, muchos no conocen todo lo necesario para prevenirla.

¿Podría decir con exactitud qué tipo de relación sexual es más propensa a contagiar con el VIH causante del SIDA? ¿O cuáles son los primeros síntomas de contagio? ¿Sabe cuál es el único método infalible para evitar infectarse?

Si no pudo contestar alguna de las preguntas anteriores o si ha estado posponiendo su educación sobre este tema, es hora de que dedique cinco minutos de su agenda a incorporar información que puede salvarle la vida.

El SIDA es una enfermedad que deteriora gradualmente el sistema inmunológico. El responsable de esto es el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), un tipo especial de virus denominado retrovirus. Y precisamente es esta diferencia lo que lo hace tan peligroso y difícil de vencer.

De acuerdo con el National Institute of Allergy and Infectious Diseases (Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas) de Estados Unidos, los genes de estos virus están compuestos por moléculas de ácido ribonucleico (ARN), mientras que los genes de los seres humanos están hechos con una molécula similar, denominada ácido desoxirribonucleico (ADN).

Como todos los virus, el VIH se puede replicar o reproducir sólo dentro de las células, obligando a la maquinaria celular también a reproducirse.

Pero a diferencia de los virus, el VIH y los otros retrovirus, una vez dentro de la célula, usan una enzima para convertir su ARN en ADN y así incorporarse a los genes de las células que los albergan.

El proceso es simple. “El VIH penetra en unas células llamadas linfocitos (T o CD4+) encargadas de defender el cuerpo. Entonces, convierte su información genética de ARN a ADN, se incorpora al núcleo de la célula y lo usa como fábrica para hacer más células infectadas”, explica el doctor Steven Santiago, médico de familia especializado en SIDA.

El día menos deseado

Una vez contagiado con el VIH, es posible que experimente ciertos síntomas entre una semana y 6 meses después de ocurrido.

“Contrariamente a lo que se piensa, muchas personas tienen signos muy parecidos a los de una gripe muy fuerte. Entre ellos, fiebre, diarrea, sarpullido, a veces una meningitis viral”, detalla el doctor Allan Rodríguez, infectólogo de la Universidad de Miami.

El problema es que, aunque la persona infectada acudiera a un hospital incluso sospechando que fue contagiado, en la actualidad no hay forma de detectar el virus en ese momento.

Esto sucede porque los exámenes para determinar la infección con VIH en realidad miden los anticuerpos producidos por el organismo para combatir al virus. Y de acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, en la mayoría de las personas esto puede tomar tres meses y, en algunas ocasiones, el doble.

Por eso, aún cuando su prueba haya resultado negativa, los CDC recomiendan repetir el examen seis meses después de la última exposición a una fuente de infección.

No es lo mismo VIH que SIDA

¿Cuál es la diferencia entre estar contagiado con el VIH y tener el SIDA? “La progresión de la enfermedad. Cuando una persona se contagia con el VIH, sus células T empiezan a disminuir y, por lo tanto, el sistema inmunológico comienza a deteriorarse”, aclara el doctor Rodríguez.

Una persona sana tiene entre 800 y 1.300 células T por milímetro cúbico de sangre. En el momento en que ese número llega a menos de 200 por milímetro cúbico, se considera que una persona tiene SIDA.

Aún así, estar contagiado con VIH no implica que se desarrollará el SIDA, pero el 90 por ciento de quienes se contagian luego sufren la enfermedad. Entonces sí hay indicios claros de que el deterioro del sistema inmunológico se encuentra muy avanzado.

“Fiebre de origen desconocido, mucho cansancio, diarrea, enfermedades de la piel (especialmente ocasionadas por hongos en los pies y, en las mujeres, dentro de la vagina) y manchas en la boca (crecimientos blancuzcos)”, dice el especialista.

Cómo actuar para evitar el contagio

A pesar de los innumerables mitos respecto de las formas de contagio, el VIH sólo puede transmitirse de la siguiente forma:

  • durante las relaciones sexuales sin protección con alguien infectado
  • como resultado de una transfusión de sangre infectada
  • por compartir agujas contaminadas
  • de una mujer infectada a su bebé, durante el embarazo, en el momento del parto o a través del amamantamiento

Pero definitivamente no hay posibilidad de contagio por contacto casual, estrechar manos, un abrazo, un beso en las mejillas o manos, compartir utensilios de cocina y toallas ni por uso de las mismas instalaciones sanitarias. Tampoco por picaduras de mosquitos u otros insectos.

“La única manera totalmente segura de no contagiarse es no tener relaciones sexuales, aunque aconsejar esto es poco realista”, admite el doctor Rodríguez.

Por eso, si usted es como la mayoría de las personas, de todos modos puede hacer mucho para evitar la infección. “Un condón usado bien y siempre es una buena barrera, pero debe utilizarse en todo tipo de relación sexual, ya sea vaginal, anal u oral”, agrega el especialista.

Además, en los casos de transfusiones, hay que asegurarse de que la sangre recibida sea chequeada en busca de anticuerpos de VIH y si las personas utilizan jeringas para drogarse, es indispensable que estén esterilizadas y no se compartan nunca.

Es posible que si usted tiene una relación de pareja estable, no vea el sentido de seguir utilizando condón, pero los expertos no lo aconsejan.

“Y si de todos modos así lo deciden, lo ideal es que se hagan una prueba para detectar el virus antes de tener relaciones sexuales sin protección y que la repitan a los seis meses”, indica el doctor Santiago.

Tratamientos

Desde el momento en que se produce el contagio hasta que aparece la enfermedad, puede pasar mucho tiempo. En la actualidad, con los tratamientos adecuados, cerca de diez años.

Incluso se la está empezando a considerar una enfermedad crónica porque la expectativa de vida de los enfermos con SIDA se ha cuadruplicado (mientras en la década del 80 era de uno a dos años, en los albores del siglo XXI es de 30 años).

“Eso se debe a que las nuevas medicinas permiten que las personas aumenten su nivel de células T, que sus defensas se recuperen y, por lo tanto, que no desarrollen otras enfermedades”, afirma el doctor Santiago.

Esas infecciones, denominadas oportunistas (como la neumonía, los tumores, el sarcoma de Kaposi, la meningitis y otras enfermedades), son precisamente las responsables de la muerte de los pacientes con SIDA. Sin embargo, la única manera de no llegar a ese punto es seguir un tratamiento en forma constante.

“El tratamiento debe comenzar con la infección con VIH y consiste en cócteles de varios medicamentos combinados, cuyo propósito es no permitir que el virus se reproduzca más y dañe el sistema inmunológico”, asegura el doctor Rodríguez.

Existen tres tipos de drogas: los denominados análogos de nucleósidos (que actúan evitando que el virus convierta su ARN en ADN), los inhibidores de la proteasa (que incapacitan al virus para que no madure y no pueda atacar a otras células) y los inhibidores de la transcriptasa en reversa, que es la enzima que usa el virus para cambiar de ARN a ADN.

GABRIELA ABIHAGGLE

 

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