Trastorno bipolar

Entre el fuego y el hielo

De la depresión todos saben algo. Se habla de ella en los diarios, la televisión y hasta en la conversación diaria. Sin embargo, hay una enfermedad muy cercana a la depresión de la cual poco se sabe. Es el trastorno bipolar, un trastorno del ánimo que afecta a más del 1% de la población y que está en aumento.

En sus momentos “buenos” son simpáticos, habladores, el centro de la fiesta, pero también gastadores y con conductas inapropiadas. Luego, les sobrevienen períodos oscuros en que la depresión los hace tocar fondo. Así son los pacientes con síndrome bipolar, una enfermedad del ánimo que afecta a más del 1% de la población y va en aumento.

Sin generar conmoción o preocupación excesiva, es bueno adentrarse en lo que hasta hace poco se conocía como síndrome maníaco depresivo. Esto, porque una detección temprana y precisa de esta afección puede ayudar enormemente a recibir un tratamiento adecuado.

El Dr. Rafael Torres, Jefe del Departamento de Siquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad Católica, explica que esta enfermedad tiene la particularidad de combinar períodos depresivos con estados de manía. Estos últimos son fases de euforia en los cuales la persona es más entusiasta e impulsiva. Muchas veces se involucran en circunstancias muy distintas a su vida normal y pueden tener conductas sexuales exageradas y promiscuas. Se sienten muy bien, en armonía con el mundo, con mucha energía, sin embargo con el resto de las personas pueden mostrar una gran irritabilidad. Toda esta sintomatología se combina con cambios en los patrones de sueño y aumento de la actividad psicológica.

Sin embargo, este período no dura para siempre. Tras la etapa maníaca sobreviene la depresión (que no siempre se da en forma alternada), con todas sus características físicas y sicológicas. Incluso, se han llegado a detectar casos en que se combinan síntomas de la depresión con el estado maníaco.

Aunque poco conocida, 1,76% de la población de Santiago la padece. Según un informe del Ministerio de Salud, una cifra no despreciable si se trata de salud mental.

Sus causas no están claras. Se sabe que hay un componente biológico y hereditario, sin embargo aún queda por descubrir el mecanismo exacto que la produce. En lo que sí hay claridad, a nivel mundial y también en Chile, es que se ha verificado un aumento de los casos.

A pesar de que es difícil determinar las causas, el Dr. Torres afirma que claramente hay un mejor diagnóstico que antes. También hay una aparición más temprana de la enfermedad, lo que también incide en el alza del número de pacientes. “Por ejemplo, ahora uno puede ver trastornos bipolares en edad escolar, algo muy raro hace algunos años”, afirma.

Muchas razones podrían explicar este fenómeno: la mayor exigencia a la que están sometidos los jóvenes, el debilitamiento de los factores protectores como la familia o figuras paternas adecuadas, la falta de vida sana, entre otros. Las hipótesis han llegado a plantear que la contaminación o el uso de drogas también podrían ser detonantes del trastorno.

Difícil diagnóstico

La siquiatría ha definido dos tipos de cuadros bipolares:
En el tipo 1 la manía es importante con conductas abiertamente inapropiadas, que pueden ser, incluso, de tipo sicótico, con pérdida del juicio de realidad.

En el cuadro bipolar 2, la manía es más leve. Puede que el paciente no realice ninguna conducta fuera de lugar, pero sí se siente extraño. “Generalmente te dicen: pero doctor, yo no soy así, fui a una fiesta, hablé toda la noche, estaba demasiado animado”, comenta el Dr. Torres.

En general, el diagnóstico no es fácil, con mayor razón en el segundo caso. Tampoco lo es la detección de la enfermedad por parte del paciente. Cuando se presenta un período de manía fuerte, es muy difícil que la persona consulte por iniciativa propia, porque no se da cuenta que tiene un problema. Sin embargo, agrega el Dr. Torres, cuando el paciente ya ha tenido más de un ciclo se percata de que algo no está bien.

Pero en la mayoría de las veces, afirma Torres, el paciente consulta en la fase depresiva. “Por esto es muy importante que las depresiones sean vistas por médicos, porque el tratamiento es muy distinto para una depresión sola que para un trastorno bipolar. Uno como profesional le pregunta su historia previa y trata de determinar si tuvo fases maníacas”.

Mirada a largo plazo

Una vez detectado un síndrome bipolar, el tratamiento siempre contempla medicamentos, especialmente los llamados estabilizadores del ánimo.

El más conocido es el litio (que también tiene otras aplicaciones), aunque hay otros muy efectivos como los anticonvulsivantes, que inicialmente fueron creados para tratar la epilepsia.

Si hay otros síntomas, como sicosis o pérdida de la noción de realidad, Torres explica que hay que agregar medicamentos antisicóticos. Definitivamente, estos no son tratamientos simples. Son de largo aliento, pueden durar varios años y su objetivo es evitar las recaídas y los ciclos propios de la enfermedad. Los medicamentos generalmente tienen contraindicaciones, por lo tanto, hay que estudiar a fondo la historia médica del paciente.

En la mayoría de los casos se recomienda también psicoterapia, como una ayuda para la recuperación, para disminuir las recaídas y para tratar trastornos adicionales al síndrome bipolar. Porque no es raro que en esta enfermedad haya comorbilidad, es decir, que se dé más de una enfermedad al mismo tiempo, por ejemplo, consumo de drogas, alteración de la personalidad y trastorno de ansiedad.
Aunque siempre depende de cada caso, en general cuando el paciente logra estabilizarse, puede llevar una vida normal. “Esta es una enfermedad grave, -aclara el Dr. Torres-, por lo tanto uno le explica al enfermo la importancia del tratamiento y las consecuencias de no seguirlo”.

Enviado por Sebastián Domínguez.

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