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Acné del adolescente

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El acné de la adolescencia ha sido percibido como un paso usual de la adolescencia a la vida adulta. Debido a su visibilidad y a que ocurre durante un difícil período de desarrollo social, a menudo puede tener un efecto devastador en la autoestima y confianza del adolescente.

Los casos severos y aquellos que no reciben tratamiento, resultan en cicatrices deformantes.

El acné no tiene por qué ser necesariamente una parte inevitable del proceso de crecimiento; ésta enfermedad es una condición médica tratable que, si se deja sin tratamiento, puede persistir más allá de los años de adolescencia. La única manera de prevenir las cicatrices físicas y emocionales que puede ocasionar el acné es tratar la enfermedad antes que avance.

El acné es una enfermedad crónica inflamatoria de la piel, que afecta a 85% de todos los adolescentes. En aproximadamente 30% de ellos, persistirá hasta la vida adulta. Las lesiones se encuentran generalmente en la cara, pero también pueden observarse en la espalda y el pecho.

Se produce como resultado de una secuencia de eventos hormonales y genéticos que se inician con el comienzo de la pubertad. A medida que se elevan los niveles hormonales asociados con el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, aumenta la producción de grasas en las glándulas sebáceas.

En las personas genéticamente susceptibles, esto conduce a un engrosamiento de las paredes de los conductos de esas glándulas, proceso denominado “hiperqueratosis folicular”. Esto conduce al bloqueo de los conductos y posteriormente a la acumulación de grasas bajo la piel en lesiones llamadas “comedones” (popularmente “puntos negros”).

Un tipo de bacteria, llamada Corynebacterium acnes, empeora la situación, pues prolifera dentro de los comedones y produce ácidos grasos libres que son muy irritantes para la piel.

Si se deja progresar, este proceso conduce a lesiones quísticas y pustulares, que pueden romperse causando cicatrices.

Aunque no existe cura definitiva para el acné, contamos con diversos tratamientos efectivos que pueden controlar la secuencia de eventos causados por esta enfermedad. El dermatólogo puede determinar el tratamiento adecuado para cada caso, dependiendo de la severidad del problema y la sensibilidad de la piel.

Los agentes comedolíticos tópicos, como la tretinoina, adapalene, ácido azélico y tazarotene, corrigen la hiperqueratosis folicular. A estos tratamientos se pueden agregar agentes antibacterianos, incluyendo el peróxido de benzoilo solo o en combinación con antibióticos como la eritromicina o clindamicina, para eliminar los corynebacterium.

En los casos muy severos, en los cuales los tratamientos tópicos resultan inadecuados, se pueden utilizar tratamientos sistémicos, con antibióticos del tipo tetraciclina por vía oral u otros, terapia hormonal en las mujeres y en casos especiales la isotretinoina.

La Isotretinoina en un medicamento que se administra por vía oral, que disminuye la producción de grasas “encogiendo” las glándulas sebáceas. Algunos estudios han demostrado que cuando se ingiere por un período de 20 semanas, 80% de los pacientes tendrán una resolución completa del acné, que en la mayoría de los casos es permanente.

Sin embargo, este fármaco debe ser utilizado con precaución, pues puede causar defectos congénitos cuando es ingerido por embarazadas. Además, produce otros efectos secundarios importantes, por lo que su administración deberá ser supervisada por el dermatólogo, durante el período de tratamiento.

Cuando el tratamiento se inicia tardíamente o es inadecuado, la cicatrización resulta frecuente, Afortunadamente, la cirugía dermatológica ofrece tratamientos efectivos y seguros contra el acné.

La dermabrasión, proceso mediante el cual se “esmerilan” las capas superiores de la piel, es muy efectiva en el mejoramiento de las cicatrices. Mediante este procedimiento, se logra el reemplazo de la piel eliminada, lo que produce una apariencia más suave de la piel. Este procedimiento se realiza una sola vez y los resultados se observan luego de la primera semana.

La utilización de rayos láser también ha producido un impacto significativo en el tratamiento de las cicatrices.

El láser Erbium: YAG, que emite luz a través de ráfagas cortas de energía que es absorbida por el agua de la piel, permite un “tallado” preciso de las cicatrices irregulares.

Los pacientes se recuperan de este procedimiento usualmente en 3 a 5 días y solamente sufren un enrojecimiento de corta duración.

El láser de CO2 funciona perfectamente para elevar cicatrices deprimidas que producen una apariencia de cráteres, pues produce más calor que otros láser, lo que permite su penetración más profunda, fortaleciendo las fibras de colágeno de la piel.

Esto conduce a una elevación de las cicatrices deprimidas, normalizándose la apariencia.

En la mayoría de los casos, solo se requiere una aplicación de los láser CO2 o Erbium:YAG para producir resultados permanentes.

Es importante que los adolescentes y sus padres comprendan que tanto el acné como las cicatrices residuales que esta enfermedad produce, son condiciones médicas susceptibles de ser tratadas y que los tratamientos precoces pueden reducir y hasta prevenir las secuelas físicas y emocionales que esta enfermedad ocasiona.

Dr. Meyer Magarici

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