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Aprendiendo a ser padres

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Nadie nace sabiendo, y mucho menos, sabiendo cómo ser padres. Es normal que el bebé, sobre todo el primero, les cause, a ti y a tu esposo, cierto pánico en medio de la alegría. Lo verán tan delicado, tan frágil y tan indefenso, que sentirán que es como de porcelana, y que se puede romper ante cualquier manejo descuidado.

Bueno, los bebés no suelen romperse, aunque hay que tratarlos con cuidado y ayudarlos a transitar por éste su primer año de vida, del cual dependerá su buena adaptación al mundo que los rodea, en todos los sentidos.

Una cosa importante que deben tener en cuenta es que ustedes son el mundo completo de ese bebé. Representan su seguridad y su tranquilidad. Aunque todavía no entiende las palabras, percibe los tonos y es muy sensitivo a las corrientes subyacentes de temor, angustia, inseguridad y hostilidad. Y también, por fortuna, es sensible al amor que está a su alrededor.

Con respecto a ustedes como pareja

No dejen que la tensión tome el control

Esto es nuevo para los dos, y no están exentos de cometer algunos errores. Así que sean pacientes uno con el otro y no se reprochen mutuamente las pequeñas fallas que puedan tener, ni tomen actitudes como: “¡Lo estás haciendo mal! ¡Déjame! ¡Mejor lo hago yo porque tú no sabes!”. Esto lastima y crea rencores que pueden ser muy perjudiciales para la relación. Por muy cansados, irritados y tensos que puedan estar por o con respecto al bebé, no permitan que eso influya en la relación de ustedes como pareja. Ahora más que nunca, tienen que amarse y mostrarse unidos.

Dénse su propio tiempo como pareja

El bebé es un elemento importantísimo en su vida, pero no debe constituirse en el único propósito de sus vidas. Ustedes dos ya tenían una relación, que de hecho hizo posible que ese bebé viniera al mundo. Así que no centren toda su atención en el bebé, y dénse sus ratos a solas para hablar, para salir, para hacer el amor, para tener una vida en pareja independiente de su vida como padres.

No se descuiden

Esto lo decimos especialmente por ti como mujer. Es bastante frecuente que, en el momento en que tiene un bebé, la mujer vuelca todo su amor y su atención en el pequeño, y descuida a su esposo, quien puede sentirse aislado y excluido, incluso un poco celoso del nuevo bebé, lo que añadirá, a su ya de por sí difícil estado emocional, la carga extra de la culpabilidad.

La misión de ustedes como pareja, por su propio bien y por el del bebé, es seguir conquistándose día a día, seguir nutriendo y regando esa planta proverbial del amor, para que no se marchite y muera. Tú debes dar a tu esposo la misma o más atención que antes de que el bebé naciera. Y él debe comprender que a veces estarás muy cansada y necesitarás apapachos extra. Si jamás, en ninguna circunstancia, se olvidan de que se aman, la relación seguirá progresando y todos podrán ser muy felices en ese hogar.

Con respecto al bebé

No se dejen llevar por el pánico

Es bastante común que los padres primerizos estén en el terror, comprobando a cada minuto si el bebé está o no respirando, llamando al pediatra a cada momento por cualquier motivo. Esta sección los guiará sobre cuáles son los síntomas de peligro que requieren de llamar al doctor. Platiquen con el pediatra para que él pueda resolverles las dudas que vayan surgiendo y, sobre todo, tranquilícense. El bebé, que se ve delicado, es más fuerte y saludable de lo que piensan.

Manéjenlo con seguridad

Recuerden, el bebé no es de cristal, así que al cargarlo, háganlo con seguridad y firmeza, porque de otra manera el bebé percibirá su temor y se contagiará.

Participen activamente en el cuidado del bebé

Ninguno de los dos es una figura pasiva, sino que cada uno hace su propia aportación física y emocional al desarrollo del bebé. Ambos deben saber cómo cargarlo, cómo bañarlo, cómo cambiarlo y alimentarlo. Cuando puedan, háganlo entre los dos (y disfrútenlo, no lo sufran), pero si esto no es posible, entonces altérnense para que el bebé sienta que puede contar con ambos por igual. ¿Una ventaja extra? Esto servirá para unirlos, entre ustedes y con el bebé.

No le envíen dobles mensajes

Y esto vale para todas las etapas de la vida de su hijo o de su hija. Si uno de ustedes lo regaña y el otro lo consiente, si uno lo deja llorar y el otro lo carga, uno se volverá el ogro y el otro el héroe de la historia. Esto no es justo para nadie, y hará que el bebé crezca con un desequilibrio entre sus figuras paterna y materna, lo cual puede incidir negativamente en su desarrollo emocional. Así que pónganse de acuerdo sobre la autoridad que van a ejercer. Su bebé debe percibirlos, desde el principio, como una unidad, no como dos personas que siempre están en desacuerdo.

No peleen delante de él

El bebé puede percibir perfectamente los ambientes hostiles. Y si estos vienen de las dos personas que constituyen su mundo, se sentirá perdido y atemorizado, y no sabrá por qué. Procuren entonces arreglar sus diferencias en privado, y eviten los gritos, portazos y demás, que pueden asustar al bebé y deteriorar su relación como pareja. Dos que se aman pueden siempre solucionar sus conflictos a través del diálogo, que es en realidad la única forma saludable de resolverlos.

No teman “romancear” delante de él

Las manifestaciones físicas de amor entre sus papás son siempre tranquilizadoras para los hijos. Así que no se inhiban y bésense y abrácense delante de él si quieren hacerlo. El bebé lo percibirá como una corriente de amor y seguridad, y se sentirá muy bien.

Siempre que puedan, llévense con ustedes al bebé

Ahora son una familia. Y aunque ustedes deben darse su tiempo a solas como pareja, también deben incluir al bebé en sus actividades siempre que sea posible. Mientras más libre se sienta y más acostumbrado esté a andar con ustedes, más fácil será educarlo y mejor se desarrollará emocional y socialmente.

Escrito por Jorge Urbano

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