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El lenguaje en bebés: primer año de vida

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El desarrollo del lenguaje es un proceso individual y único, que guarda relación con la madurez y ritmo de aprendizaje de cada niño, al igual que es dependiente en gran medida del grado de estimulación que exista en el entorno del bebé. Sin embargo, existen ciertos parámetros y conductas que deben presentarse dentro de lo que se considera un desarrollo lingüístico normal u óptimo.

En esta entrega, hablaremos un poco del patrón esperado en los doce primeros meses de vida, o la llamada Etapa Pre-Lingüística, haciendo referencia tanto al aspecto comprensivo (lenguaje receptivo), como a la expresión (Lenguaje Expresivo). Así como también conoceremos ciertos tips o consejos para lograr su desarrollo pleno.

Bebés de 0 a 3 meses

En este primer trimestre, aún cuando el bebé es aún muy pequeño para entender las palabras, sin embargo, logra discriminar muchos sonidos aun durante las primeras semanas de vida. Es común ver como se sobresalta ante ciertos sonidos o ruidos, mientras que se le observa calmarse ante la voz humana.

Se expresa básicamente a través del llanto o la sonrisa social, los cuales usa para manifestar sus necesidades a la persona que lo cuida, la cual a su vez interpreta las conductas.

Durante este período es conveniente conversarle, arrullarle y ofrecerle melodías suaves, para irle estimulando auditivamente.

Bebés de 3 a 5 meses

Aún cuando sigue siendo muy inmaduro para comprender el lenguaje, se puede observar un avance significativo en la asociación que el bebé va estableciendo entre él y la voz de la mamá o el adulto que le cuida, siendo capaz de reconocerla. De igual manera, puede identificar a través de las cualidades de esa voz, independientemente de la palabra que el adulto use, si hay disgusto, calidez, agresión o agrado por parte de su interlocutor.

Por otra parte, entre el cuarto y quinto mes ya es capaz de ubicar la fuente de un sonido (ej. Un sonajero), que se encuentre fuera de su campo visual, buscándole con la mirada. Además hay signos que demuestran que está comenzando a reconocer su nombre.

En este período, nos brinda sus primeras vocalizaciones o balbuceos, sonidos que se asemejan a sílabas como «da», «ba», «ma», o combina vocales como «ae», «ei», «ao», etc. Muchos de estos sonidos los presenta con el propósito de llamar la atención del adulto y hasta como protesta o negativas ante ciertas situaciones. De igual manera observamos en esta edad el juego vocal, es decir, aumentan las vocalizaciones en momentos que se encuentra solo, como una manera de jugar y ensayar sus sonidos.

Los padres percibirán que el pequeño está más dispuesto a «dialogar» con ellos, respondiendo con sus sonidos y balbuceos. Por lo que el adulto debe conversarle durante las actividades diarias (baño, comida, paseos, etc.), demostrándole que aprecia su intención y que están allí para escucharle. El adulto debe hablarle pausadamente y viéndole a la cara, para que pueda observar los movimientos de los labios e imitarlo correctamente.

Algunas actividades recomendadas son: hacer sonidos con objetos sin que el bebé los vea, para estimularle a discriminarlos y ubicarlos (ej.: maracas, llaves, etc.), o esconderse y llamarle.

Es importante también conversar con él, como si de un adulto se tratase, sin usar diminutivos ni palabras aniñadas (ej.: «cado» por carro)., observándole a la cara y dándole la oportunidad de que responda con sus vocalizaciones. De igual manera, responde a sus intentos de comunicación, como si entendieras su expresión. Le harás sentirse considerado e importante, lo que le estimulará a continuar en su afán de comunicación.

Al llamarle, se constante en el uso de su nombre, para que poco a poco pueda reconocerle e identificarse con él. Evita el uso de diferentes nombres o apodos ya que pueden confundirle.

Bebés de 5 a 8 meses

Durante esta etapa, el niño comienza a entender instrucciones muy sencillas (ej. dame, toma, mira, etc.), aunque en muchas ocasiones necesitará que la orden vaya acompañada del ademán o gesto correspondiente.

Hacia los ocho meses, demuestra que es capaz de discriminar entre rostros familiares y personas extrañas, por lo que es común el llanto ante nuevas caras.

Podemos observar que ya reconoce algunas palabras familiares (mamá, papá, tetero, zapato, etc.) aun cuando no sea capaz de pronunciarlas todavía.

Su expresión es cada vez más intencional. Puede solicitar algo a través del gesto de la mano o señalándolo, al igual que empieza a llamar a las personas, bien sea gestual o verbalmente. Muchos expresan su negativa al mover su cabeza de un lado a otro. Algunos niños logran pronunciar su primera palabra en este período.

Los padres deben durante este período, trabajar el reconocimiento de objetos cotidianos para el niño. Ejemplo: peine, tetero, perro, zapato, mano, papá, etc. Esto se hace a través de preguntas (¿dónde está papá?) o de ordenes («dame el tetero»). También se le pueden presentar tres objetos en una mesa, y pedirle que toque o entregue uno en específico.

Claro está, que estas actividades no se logran inmediatamente, ya que para ello debemos trabajar todos los días a través de la rutina diaria, nombrándole a las personas de la familia, o los objetos que se usan en el baño, la comida, etc. Y así, el niño irá internalizando y reconociendo cada día más vocabulario.

Bebés de 8 a 12 meses

Es una de las etapas más hermosas en el desarrollo del lenguaje. En ella, el niño demuestra mayor comprensión del lenguaje, cumpliendo ordenes simples como: «dame el tetero», «toma la muñeca», etc. Al igual que demuestra un aumento considerable en el reconocimiento de palabras o conceptos (personas, animales, objetos de uso diario, algunas partes del cuerpo, juguetes, etc.).

Indiscutiblemente, lo más significativo para los padres, es la aparición de las primeras palabras (mamá, papá, tete, chupón, ven, dame, etc.). Al igual que la denominada «jerga» que es el uso de diferentes tonos y patrones de vocalización, que se asemejan a la conversación del adulto. Es divertido verles imitar cada gesto o palabra de los padres.

Durante este período el niño hace uso de una sola palabra, para expresar ideas diversas, ejemplo: «tete» puede significar «tengo hambre» o simplemente «mira el tetero». Significados que el adulto comprende inmediatamente sin necesidad de mayores explicaciones o palabras.

Hacia los doce meses, la atención del niño hacia el adulto es mayor, lo que favorece iniciarle en la lectura de pequeños y sencillos cuentos adaptados a su edad. No importa que el bebé no entienda a cabalidad la historia, lo importante es que poco a poco le estamos brindando más vocabulario, además de entrenarles en el maravilloso y placentero mundo de la literatura.

La música y los juegos son otros grandes aliados de los padres, en la enseñanza del lenguaje a sus pequeños. Los niños aman las canciones acompañadas de movimientos rítmicos y juegos sencillos en los que pueden participar, y les gusta que se los repitan una y otra vez. De hecho, no requieren de mucho entrenamiento para demostrar sus dotes artísticas.

Es recomendable que los padres estimulen en todo momento a su hijo a comunicarse verbalmente. Si el niño persiste en señalar los objetos para solicitarlos o llorar para obtener algo, los padres deben sutilmente enseñarle a pedirlos por su nombre. Por ejemplo: la niña señala el vaso de agua y llora. Entonces la madre en vez de acercárselo directamente, debe preguntarle ¿qué quieres? ¿Quieres agua?, buscando así que la niña afirme «sí» o diga «agua».

Aunque la tarea resulte en algunos casos muy ardua, no debemos desistir, y permitirles el uso exclusivo de ademanes, llanto y gestos. Una vez que el niño descubre su capacidad para verbalizar sus ideas, no querrá parar de hablar. Porque para él, la palabra es independencia. De allí la importancia de ofrecerles la oportunidad de descubrir el placer de poderse comunicar.

Por Dr. Meyer Magarici
Venezuela

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