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Vaginismo

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Todo comenzó al momento de “hacer el amor”. Las condiciones estaban dadas, pues se encontraban solos en el departamento y excitación no les faltaba. Llevaban bastante tiempo juntos y sabían que se amaban más que a nadie en el mundo, por lo que decidieron incursionar en el plano sexual.

A pesar de tener deseo, el vaginismo hacer que las mujeres que no puedan concretar el acto sexual, pues involuntariamente impiden la penetración.

Hay mujeres a quienes les resulta imposible realizar el acto sexual, debido a una contracción involuntaria de los músculos de la vagina. El origen de este problema, conocido como vaginismo, es psicológico.

Sin embargo, cuando Pedro quizo penetrarla, fue imposible. Constanza vio cómo sus piernas se juntaban involuntariamente y sintió cómo su vagina se contraía al máximo.

Y si bien aquella noche de frustración no supieron que fue lo que sucedió, bastó que Constanza visitara a su ginecólogo para que éste le explicara que lo ocurrido fue producto de un trastorno llamado vaginismo.

“El vaginismo es la imposibilidad de realizar el acto sexual, debido a la contracción involuntaria de los músculos externos de la vagina, llamados músculos del tercio inferior, impidiendo, de este modo, la penetración”, explicó el doctor Mariano Rosselló Barbará, urólogo y Director del Centro de Urología, Sexología y Andrología, en Madrid y Palma de Mallorca, en España.

Claro que esto es lo único que las mujeres que padecen vaginismo no pueden hacer: el amor. Porque igual pueden gozar de los juegos sexuales e, incluso, alcanzar el orgasmo, siempre que no haya penetración

Todo está en la mente

Existen causas orgánicas o propias del cuerpo para este tipo de disfunción sexual. El doctor Rosselló pone como ejemplo de este tipo de causas las úlceras en los labios menores y las lesiones inflamatorias que producen dolor. “Cuando hay dolor, lógicamente la defensa es el cierre para que no haya penetración”.

Claro que usualmente los espasmos dolorosos de la vagina tienen un origen emocional. “Miedo a quedar embarazada o miedo al sida, por ejemplo, desencadenan un acto doloroso y una rebelión a realizarlo, lo que se manifiesta en la contracción de los músculos de la vagina”, afirma el director del Centro.

Otros casos de causas sicológicas son:

  • Normativa estricta durante la infancia y la adolescencia
  • Falta de información sexual o falta de comunicación, que conducen al miedo o temor
  • Condicionamientos negativos con respecto a reproducción y sexualidad
  • Episodios sexuales sicológicamente dolorosos
  • Examen pélvico doloroso
  • Experiencias traumáticas, como violación o abusos sexuales
  • Orientación homosexual
  • Ayuda profesional

Afortunadamente para las mujeres, no es muy frecuente el vaginismo, ya que de todos los tipos de disfunción sexual, éste no supera al 10% o 15%.

Claro que hay dos grupos de mujeres que tienen mayores posibilidades de sufrir este problema:

  • Las jóvenes que recién se inician en la vida sexual, que por desconocimiento pueden responder al sexo de una forma negativa.
  • Las mujeres premenopáusicas y menopáusicas, puesto que en ese período se produce una disminución de la lubricación y, por lo tanto, una sequedad importante en la vagina. Esto produce dolor en la penetración.

Es recomendable que cuando las personas sufran algún problema de esta índole, no se sientan avergonzadas y busquen ayuda profesional. Para alivio de las interesadas, el 90% de los casos de vaginismo en caso de ser bien dirigidos se cura.

Lo primero que hace el médico es buscar la causa del problema, ya que el tratamiento variará dependiendo de si el origen es orgánico o psicológico. Esto se logra con una exploración ginecológica y con técnicas sicoanalíticas de interrogatorio.

El urólogo español sostiene que esto va acompañado de “un tratamiento con psicosedantes y tranquilizantes”.

La solución es más fácil y rápida cuando el problema es reciente. La terapia se realiza, generalmente, a nivel de pareja. Es necesario e imprescindible el seguimiento por parte de un sexoterapeuta para lograr el éxito del tratamiento.

Enviado por Daniela Fernández.

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