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La piel, nuestra carta de presentación

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Cada vez que tocamos la piel de un bebé nos damos cuenta de lo irresistible que es la sensación de una piel suave y aterciopelada.

Todos nacemos con la piel tersa y sedosa, y el objetivo de la mayoría es mantenerla hidratada y limpia para prevenir el daño de las fibras que mantiene la piel firme y sin arrugas.

La piel humana tiene una superficie aproximada de 2 metros cuadrados y un peso que oscila entre los 3 y 5 kilos. Es un órgano vivo, compuesto por 3 capas diferenciadas, dos de las cuales influyen sobre su apariencia: la dermis y la epidermis.

La dermis, la más profunda de las capas, es la conexión entre la piel y nuestra estructura corporal interna. La dermis contiene vasos sanguíneos que nutren la piel, terminaciones nerviosas que transmiten sensaciones al cerebro, y en lo mas profundo posee glándulas sebáceas y sudoríferas a través de las cuales el cutis segrega aceites y transpira. La presencia del colágeno natural de la piel determina la firmeza de la misma y por ende, la presencia o ausencia de arrugas.

También existe una segunda fibra importante llamada elastina, responsable de la flexibilidad y elasticidad de la piel, y una forma habitual de dañarla es a través de reiteradas exposiciones al sol.

La epidermis es la capa superficial de la piel, es excesivamente fina y es su parte visible. Desafortunadamente los maltratos que le damos a nuestro cuerpo se reflejan en la apariencia de la epidermis. La parte mas profunda de la epidermis (la capa basal) es la única parte “viva” de la epidermis. La capa basal produce un conjunto de células que a lo largo de 28 días migran hacia la superficie de la piel formando una capa protectora de células muertas.

En los cutis jóvenes estas células se renuevan continuamente ya que las células se desprenden antes de acumularse. En pieles menos jóvenes, el desprendimiento de estas células se vuelve mas lento y es allí donde aparecen sus irregularidades. Esta capa que recubre la superficie de la piel, actúa como barrera ambiental, poniendo en evidencia los daños que ocurren cuando no está bien cuidada.

Lamentablemente todos los conocimientos sobre la piel que hemos adquirido durante las últimas décadas, no han logrado revertir el proceso de envejecimiento. Lo que sí se ha logrado es incorporar estos cpnocimientos para prevenir y retardar este proceso.

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