Las dietas, un círculo vicioso

Cerca de una tercera parte de las mujeres y una cuarta parte de los hombres pasan seis meses del año tratando de rebajar de peso, según el National Institutes of Health. Y, al igual que curieles dando vueltas en una rueda, jamás llegan a parte alguna. Rebajan las mismas 10, 20 o 30 libras una, otra y otra vez.

Si usted es de las personas que siempre están haciendo dieta sin éxito y quiere romper ese ciclo, considere esto: Cómprese ropa atractiva de la talla que le quede bien, en vez de esperar a rebajar lo suficiente. Agregue el tipo de ropa para hacer ejercicios que realmente le guste.

Complete el cambio llenando la cocina de alimentos saludables y compre además su postre favorito. Coma cuando tenga hambre y pare de comer cuando se sienta ya satisfecho. Luego, en vez de contar las calorías y proteínas, aprenda a tocar un instrumento musical, estudie algún idioma, historia o literatura, sencillamente como entretenimiento.

También puede hacer artesanía, bordar o hacer trabajo voluntario en una organización de ayuda a personas necesitadas. Tal vez, sólo tal vez, termine sintiéndose mejor y más satisfecho consigo mismo en vez de estar siempre recriminándose por tener exceso de peso.

Ese es básicamente el mensaje en una reciente edición de Healthy Weight Journal, que resume los argumentos que hay actualmente sobre la dieta. Bajo la dirección de la profesora de sicología de la Universidad de Toronto Janet Polivy, la publicación invita a varios investigadores a refutar el “mito” de que hacer dieta es el medio para estar más saludable, rebajar de peso, mejorar el estado de ánimo y la autoestima y comer menos.

Rebajar de peso quizás no lo haga más saludable. Aunque miles de estudios médicos a corto plazo indican que la pérdida de peso puede bajar la presión sanguínea, el colesterol y el azúcar en la sangre, estudios hechos posteriormente con pacientes durante 6 a 18 meses “no han demostrado que los beneficios sean duraderos”, escribe Paul Ernsberger, quien ha sido profesor auxiliar de nutrición, medicina (hipertensión), farmacología y neurociencia de Case Western Reserve University de Cleveland. A pesar de la mejoría inicial, escribe Ernsberger, el azúcar en la sangre, la presión sanguínea y los niveles de colesterol a veces vuelven a los niveles originales, incluso en pacientes que no recuperan el peso que rebajaron. Además, hacer dieta a veces provoca que la persona se dé un gran atracón, lo cual dificulta todavía más controlar esos factores de riesgo.

Hacer dieta quizás no lo haga delgado. La mayoría de las dietas fracasan por dos motivos, escriben Todd F. Heatherington, quien ha sido profesor auxiliar de sicología de Dartmouth College, y Jennifer Tickle, estudiante graduada de Dartmouth. En primer lugar, el organismo se defiende naturalmente contra la pérdida de peso, algo que se ha demostrado en diversos estudios con gemelos. Por ejemplo, los gemelos idénticos criados juntos, así como los que se crían separados, muy a menudo cuando crecen tienen el mismo peso. Y en segundo lugar, las personas que se pasan la vida a dieta a menudo son presa del síndrome de “qué más da”, porque piensan que si comieron un alimento que les estaba prohibido, han echado a perder la dieta, de manera que da igual seguir comiendo cuanto les apetece.

Hacer dieta quizás no lo haga feliz: Aunque la pérdida de peso al empezar a hacer dieta tal vez lo haga sentirse feliz, pensando que ha triunfado y que está en control, a la larga se convierte en un dolor de cabeza. Las personas que se ponen a dieta se preocupan por la comida y temen comer donde hay alimentos que les están prohibidos; o estar alrededor de amigos que comen estos alimentos. Hasta las personas estables emocionalmente, al principio tienen tendencia a volverse irritables, hostiles, deprimidas, apáticas, ansiosas y coléricas al pasar el tiempo. Además, valorarse a sí mismo por la forma del cuerpo está condenado al fracaso, según la profesora Polivy y los estudiantes graduados Jennifer Mills y Randi McCabe.

“No es lo mismo el esfuerzo por cambiar la talla y la forma del cuerpo que intentar otros cambios para mejorar más fáciles de lograr (como por ejemplo, aprender a tocar el piano, mejorar como persona) y contribuye poco a que uno se sienta mejor consigo mismo”, escriben ellos.

Y Polivy concluye diciendo: “Hacer dieta no es más que una falsa esperanza de cambio que lo más probable es que no se llegue a realizar. Es hora de desenmascarar esos mitos por la fantasía que representan, de manera que las personas dediquen sus energías a cosas más productivas”.

El Nuevo Herald

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