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Mi hijo en manos de la medicina natural

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La mayoría de los padres tienen una cosa en común: quieren lo mejor para sus hijos. Para lograrlo, establecen dietas saludables que regulen su alimentación, tratan de hallar un vecindario seguro donde la familia pueda vivir tranquila, buscan el mejor colegio para instruirlos y procuran brindarles los mejores cuidados caseros.Por lo general, podemos definir los primeros tres aspectos dieta saludable, vecindario seguro y un buen colegio con facilidad, pero ¿sabes cuáles son los mejores cuidados que puedes ofrecerle a tu pequeño para velar por su salud?

Los padres deben enfrentar un gran número de opciones cuando de la salud de sus hijos se trata. Consejos de profesionales, artículos de revistas, libros, programas de radio y televisión, opiniones de amigos y familiares… en fin, hay toda una gama de propuestas para escoger.

Todo eso está muy bien, pero cuando tu hijo se enferma ¿qué debes hacer? Es difícil saber cuál -o cuáles- de todos los consejos será el que funcione. Como puedes ver, el tratamiento para un niño con fiebre o gripe se ha vuelto mucho más complicado de lo que era tres o cuatro décadas atrás, cuando los abuelos no tenían tanta información disponible.

La mejor opción para garantizar la salud de tu pequeño, es adquirir el conocimiento que te permita establecer cuáles son las mejores formas de velar por su bienestar.

Las medicinas naturales suelen ser una buena opción para tratar afecciones infantiles: no sólo logran aliviar los síntomas de enfermedades menores -gripe, fiebre, inflamaciones, dolores de cabeza- sino que también pueden solucionar aquello que causa el problema. Para los médicos homeopáticos, las enfermedades son manifestaciones exteriores de desequilibrios que tiene el organismo. Por ello, es más sensato centrarse en esto último que en tratar las manifestaciones -gripe, fiebre, alergia- producidas por un desorden interno.

¿De dónde vienen?

Aunque es recientemente que los remedios naturales están llamando la atención, la verdad es que no son nada nuevo.
Desde miles de años atrás, la humanidad se ha servido de las plantas para aliviar sus problemas de salud. La medicina tradicional china -que utiliza hierbas, alimentos y acupuntura para combatir las enfermedades- tiene más de cuatro mil años de antigüedad.

Igualmente, las prácticas médicas naturales en Europa se originan en tiempos remotos: son una fusión de prácticas celtas, griegas y romanas. En América, la medicina herbaria tiene su origen en la mezcla de los conocimientos que tenían los aborígenes y los que trajeron los colonizadores europeos.

Muchos remedios herbarios han probado ser exitosos a través de siglos de ensayo y error. Nuestros ancestros dejaron de utilizar las plantas que no tenían el efecto deseado o representaban algún daño para la salud y se aferraron a las que funcionaban.

Pero, si eran efectivas ¿por qué la gente dejó de usarlas? La verdad es que numerosas culturas -orientales, principalmente- continuaron tratando las enfermedades de sus pueblos con estos remedios. Incluso llegaron a combinar la medicina herbaria con la tradicional, produciendo novedosos tratamientos en los que se aplica lo mejor de cada tendencia.

En otros países, por el contrario, el auge de la ciencia médica y farmacéutica aportó numerosos beneficios a la humanidad, lo que hizo que ganara adeptos en muy poco tiempo. Fue fácil dejar de lado las creencias pasadas en pro de métodos más novedosos: si algo era viejo, barato y estaba a disposición de todos, no podía ser tan bueno como algo costoso -reservado para los pocos que podían costear los tratamientos- cuya efectividad había sido comprobada a través de múltiples experimentos.

Retorno a las viejas prácticas

En el camino, la ciencia médica se tornó presuntuosa y si los investigadores no podían descubrir cuál era el método de funcionamiento que tenía un tratamiento herbolario, simplemente desacreditaban su valor terapéutico. Hoy en día sabemos que la ciencia ha mejorado nuestras vidas notablemente, pero no por ello podemos dejar a un lado el hecho de que la medicina científica no ha conseguido vencer numerosas enfermedades, muchas de las cuales llevan siglos acompañándonos.

El regreso a la medicina natural se alimenta de diferentes variables, entre las que se encuentra la reciente confirmación científica sobre su efectividad y la búsqueda de un estilo de vida cada vez más natural: al conocer los efectos secundarios de muchos medicamentos de uso común, no es de extrañar que las personas dirijan sus intereses, cada vez más, hacia las plantas medicinales.

Cuatro reglas que te ayudarán

Antes de decidirte a suministrarle medicinas herbolarias al niño, es necesario que tomes algunas consideraciones, de modo que evites cualquier reacción adversa que puedan ocasionar en el pequeño.

Habla con su pediatra

Recuerda que el pediatra está ahí para ayudarte a decidir cuál es la mejor opción para tu hijo. Además, él conoce su historial médico y sabrá si es seguro o no administrarle algún remedio natural.

También es probable que esté al tanto respecto a los conceptos básicos -cuando menos- que caracterizan a las medicinas naturales más comunes.

Igualmente, es importante que lleves al pequeño a consulta con regularidad, de modo que el especialista pueda determinar su estado de salud: los remedios herbolarios no sustituyen al pediatra ni la asistencia médica convencional en ningún momento.

Investiga acerca del medicamento antes de suministrarlo al niño

La primera pregunta que se formulan los padres, es qué tan seguro es darle remedios herbolarios al niño. Obviamente quieren contribuir al crecimiento de sus hijos de una manera responsable y amorosa: por ello cuestionan cualquier decisión que pueda afectar su desarrollo.

Aunque la medicina natural puede ser una excelente opción para garantizar la salud de tu pequeño, hay casos en los que es mejor evitarla. Si tu hijo sufre de alergias, es necesario que un especialista determine la inocuidad del producto en el pequeño.

En caso de que el niño se encuentre siguiendo un tratamiento con medicamentos, existe riesgo de que se produzca una “reacción cruzada” entre los componentes de aquellos y los de la hierba. El pediatra podrá decirte, una vez más, si existe riesgo de interacción.

Por lo general, las medicinas naturales suelen ser beneficiosas para los niños, pero igual es necesario que te informes lo mejor que puedas acerca del producto que piensas suministrar a tu hijo.

Revisa la calidad del producto

Este punto es muy importante porque no todos los medicamentos herbolarios son producidos bajo los mismos estándares de calidad. Para asegurarte que estás adquiriendo un producto bueno, revisa el país de origen, la compañía elaboradora y la cantidad de extracto natural que tiene cada medicamento.

Usualmente, esta información viene impresa en la etiqueta del envase.

Los países latinoamericanos y asiáticos suelen tener controles de calidad menos estrictos, lo que hace más riesgoso el consumo de cualquier medicina natural. Igualmente aquellas sin marca o “genéricas” pueden ser de dudosa producción o no contener lo que ofrecen en el envase.

Además, es necesario saber que hay una gran variedad de remedios naturales creados para el consumo de adultos y cuyos componentes nunca han sido probados en niños. Por lo general, estos datos vienen impresos en el envase.

Con la asistencia de su pediatra y las precauciones necesarias, podrás comenzar a utilizar remedios naturales para tratar enfermedades comunes en el pequeño. Después de todo, si nuestros ancestros se valían de los beneficios que aportaba la madre tierra ¿por qué no puede hacerse en esta era moderna?

Reynaldo Luis Vargas

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