Saludisima
×

Depresión en niños

Compartir esta páginaShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Manuel tiene siete años y sus actividades preferidas son jugar fútbol, ver televisión y tomar helados. Sin embargo, sus padres están peocupados pues desde hace varias semanas el pequeño tiene una cara inexpresiva y triste, una mirada lejana y pocos deseos de estar con sus amigos. Incluso le han comprado su helado favorito y él no lo ha querido probar. ¿Puede darse un cuadro de depresión en niños?

Mientras en la niñez mujeres y hombres sufren esta enfermedad en la misma proporción, en la adolescencia se duplica la tendencia en las mujeres.

Desánimo, apatía y tristeza son los principales signos de que algo está funcionando mal en un niño. Cuando este cuadro se prolonga en el tiempo es importante preocuparse, pues se puede estar frente a un caso de depresión infantil.

Si bien al principio sus padres no sabían qué le pasaba a su hijo, y creían que se trataba de una tristeza ocasional, al poco tiempo comenzaron a sospechar… sus síntomas eran similares a los que tenía su madre en algunas ocasiones: depresión.

A pesar de que en un principio la depresión suele ser confundida con la tristeza, la diferencia es sustancial. Mientras la pena es un estado normal y transitorio de la vida, causado por un hecho justificado, tal como la muerte de un ser querido, la depresión es un estado patológico que compromete las actividades de la vida diaria.

La siquiatra Rosa Schiff, directora médica del Instituto Telma Reca, en Buenos Aires, Argentina, comenta que “un niño sufre de depresión cuando presenta manifestaciones de tristeza, desgano, apatía, decaimiento, aislamiento e incluso dificultad en el aprendizaje, porque no tiene energía. Además esto puede ir acompañado de dolor de cabeza, insomnio y trastornos digestivos”.

Hereditabilidad

Cerca del 5% de los niños y adolescentes del mundo padecen de esta enfermedad. Si bien en un comienzo la incidencia en hombres y mujeres es la misma, al llegar a la adolescencia la proporción cambia, deprimiéndose dos niñas por cada varón.

Respecto a la razón de desarrollar esta enfermedad, la doctora Schiff sostiene que “nosotros apuntamos a la pluricausalidad, es decir, creemos que hay factores endógenos (como la herencia) y exógenos (como el ambiente) que gatillan la depresión”.

Diversos estudios corroboran la influencia significativa que tienen adultos deprimidos en la vida del niño. Esto se debe a que en los menores existe un mecanismo llamado “resonancia afectiva”, que hace que ellos incorporen en sus sentimientos las comunicaciones emocionales de las personas que los rodean.

De igual modo, otras investigaciones muestran que existe una fuerte correlación entre la depresión y el mal funcionamiento de la familia, así como hereditabilidad en padres e hijos.

La especialista argentina asegura que la depresión infantil envuelve un gran riesgo: “No sabemos hasta qué punto el niño puede atentar contra su vida, ya que incluso se han visto casos de suicidio”, comenta.

Tratamiento

El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión es esencial, si es que se quiere evitar que esta patología se vuelva crónica. Es indispensable la ayuda profesional para sacar al menor del cuadro en que se encuentra. El tratamiento generalmente incluye dos tipos de terapia: individual y familiar. Sin embargo, existen otras alternativas:

Terapia cognitiva: técnica de contar historias que se graban, a las cuales la terapeuta y el niño cambian los resultados finales, corrigiendo la desesperanza y la impotencia. También se hacen juegos encaminados a corregir distorsiones de la estima personal y la afectividad.

Terapia interpersonal: se enfocan las situaciones de duelo, las disputas interpersonales, las transiciones en la etapa del desarrollo y la corrección de déficit en las relaciones interpersonales con el niño o el adolescente.
Terapia psicoanalítica: el terapeuta analiza y corrige patrones de mala adaptación debido a conflictos o déficit de las estructuras sicológicas.

Terapia individual: debido a que el niño o adolescente deprimido evita emprender las etapas del desarrollo que les corresponden, el terapeuta lo debe ayudar a asumir estas tareas propias de la edad.

Terapias biológicas: en base a medicamentos. Debido a que no se sabe cómo puede afectar el desenvolvimiento normal de las neuronas el uso de fármacos durante la etapa del desarrollo, esta terapia se debe considerar seriamente tomando en cuenta la edad del paciente. Además deben considerarse los efectos secundarios y el nivel de severidad de la depresión. En general, cuando la depresión se acompaña de alteraciones de los ritmos biológicos, del sueño, del apetito y la motilidad, se deben indicar antidepresivos.

Hospitalización: ha ido en aumento. Está especialmente indicada cuando existe riesgo de suicidio.

Enviado por Jorge Urbano.

Agregar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*