Deshidratación

Descripción

La deshidratación es la pérdida excesiva de agua y sales minerales de un cuerpo. Los líquidos corporales de los compartimentos intra y extracelular (éste último se divide además en el intersticial e intravascular) son soluciones diluidas constituidas por electrolitos (sodio, potasio, calcio, magnesio, etc.). El mantenimiento de un volumen apropiado de estos líquidos en los distintos compartimentos corporales es fundamental para la vida.

Dentro de las alteraciones del metabolismo hidrosalino tenemos las alteraciones del volumen en los compartimentos corporales que pueden producirse tanto por defecto como por exceso. Dentro de las alteraciones por defecto tenemos las deshidrataciones.

La deshidratación hace referencia a la pérdida aislada de agua con la consiguiente hipernatremia (aumento del sodio en sangre) secundaria. En estos casos, los pacientes presentan signos y síntomas de hipernatremia con signos mínimos o ausentes de hipovolemia (descenso del volumen) ya que la reducción del volumen intravascular es mínimo. Ello se debe a que la pérdida de agua es compartida por los espacios intra y extracelulares, siendo la mayor parte(dos terceras partes) pérdida del espacio intracelular , mientras que menos de una décima parte de agua perdida proviene del espacio intravascular.

Por el contrario, la reducción de volumen, sinónimo de volumen intravascular, ocurre cuando existe pérdida de sangre o bien de sodio y agua del espacio extracelular. Debido a que el volumen del espacio extracelular depende básicamente del contenido total de sodio, para que un paciente desarrolle hipovolemia (descenso del volumen de la sangre), debe existir déficit o disminución del sodio (hiponatremia).

A pesar de que el término de deshidratación debe reservarse para referirnos a las depleciones (pérdidas) relativamente puras de agua que cursan con hipernatremia secundaria, son las deficiencias combinadas de sodio y agua más frecuentes que las pérdidas aisladas de cualquiera de ellas.

Causas

La reducción de volumen se produce por pérdidas sanguíneas (hemorragias a distintos niveles) o pérdidas de sodio y agua que pueden ser a su vez de causa renal (uso de fármacos diuréticos, déficit de aldosterona, diabetes insípida, etc.) o extrarrenal (vómitos, diarrea, drenajes digestivos, quemaduras cutáneas, peritonitis, obstrucción intestinal, etc.).

Ante una pérdida de volumen se ponen en marcha mecanismos hormonales y el sistema nervioso simpático que provocan sed, disminuyen las pérdidas urinarias de sodio y agua, aumentan la frecuencia cardiaca (taquicardia) y se produce vasoconstricción vascular que intenta mantener la presión arterial.

Síntomas

Los síntomas debidos a la reducción de volumen se deben a la disminución de la perfusión (el baño) de los tejidos y la respuesta del organismo a la misma.

Inicialmente presentan debilidad, fatiga y sed y cuando las pérdidas son superiores, cefaleas, náuseas, calambres, hipotensión y mareos posturales (por hipotensión postural, es decir, que varía según la posición del organismo) e incluso alteraciones profundas del nivel de conciencia y fracaso multiorgánico y cuando las pérdidas son importantes (más del 15-25% del volumen) puede aparecer shock hipovolémico (disminución del volumen de la sangre) con hipotensión (tensión excesivamente baja de la sangre), taquicardia en reposo, oliguria (descenso del volumen miccional diario), disminución de la perfusión periférica por vasoconstricción (con extremidades frías), estupor y coma.

Si la pérdida de volumen se acompaña de descenso de sodio (hiponatremia) o aumento del mismo (hipernatremia) aparecerá su clínica acompañando al cuadro clínico de la disminución de volumen. Así la hiponatremia cursa con confusión, anorexia (disminución de la alimentación), letargia, vómito y convulsiones. La hipernatremia cursa al inicio con inquietud, irritabilidad y letargia y luego contractura muscular, convulsiones y coma.

Diagnóstico

Además de la clínica tenemos la exploración física en la que vemos signos físicos sugerentes de disminución de volumen como ya comentamos. También la pérdida de peso es un índice cuantitativo muy preciso del déficit de volumen extracelular que presentan los pacientes.

Una vez que se sospecha por lo anterior, se debe realizar una analítica de sangre en la que vemos un parámetro llamado hematocrito. Si el hematocrito es menor del 40% indica que existe pérdida de sangre y se realizarán las pruebas e intervenciones oportunas para localizarla y tratarla. Sin embargo, debido al fenómeno de hemoconcentración, el descenso del hematocrito en las hemorragias agudas sólo es valorable al cabo de unas horas.

Si no existen pérdidas sanguíneas se debe determinar el sodio en orina que si es mayor a 20 miliequivalentes por litro (mEq/l) las pérdidas de sodio y agua son de causa renal y si es menor de 10-20 mEq/l las causas son extrarrenales.

Cuando las pérdidas son renales y existe acidosis metabólica (lo veremos con la realización de una gasometría arterial) el origen puede ser una cetoacidosis diabética (una complicación de la diabetes), hipoaldosteronismo, nefropatías (enfermedad de los riñones) perdedoras de sal, y si presentan alcalosis (alcalinidad excesiva en la sangre) metabólica, la causa suele ser el uso de diuréticos.
En el caso de las pérdidas extrarrenales si se acompañan de acidosis metabólica la causa suele ser digestiva baja (diarreas, fístulas intestinales, etc.). En el caso de que aparezca alcalosis metabólica la causa suele ser de origen digestivo alto (vómitos, aspiración nasogástrica, etc.).

Tratamiento

Se puede dividir el tratamiento según la gravedad de la situación y así tenemos:

Los casos de disminución de volumen leve o moderada con buena tolerancia oral (no existe impedimento para la ingesta oral), se aumentará la aportación oral de líquidos y electrolitos (cuerpo que se descompone con la electrólisis). Para ello deberá tomar, aproximadamente, tres litros de agua y de 8 a 10 gramos de sal al día.

En los casos de pérdidas leves o moderadas con intolerancia oral, se administrarán sueros por vía intravenosa a razón de aproximadamente tres litros de suero fisiológico en 24 horas y si se acompañan de alteraciones electrolíticas se tratarán como corresponde a cada una de ellas.

En los casos en los que existe una disminución de volumen grave, se administrarán sueros intravenosos, a razón de 500-1000 mililitros por hora de suero fisiológico durante las dos primeras horas de tratamiento, y luego a una dosis mínima de tres litros al día, pudiéndose modificar según la repuesta y el estado cardiovascular del paciente. Debemos, así mismo, tratar la causa desencadenante y las alteraciones electrolíticas acompañantes si las hubiese.

Enviado por Jorge Urbano

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