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Alerta con la tiroides

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Kayla, una niña de 8 años, siempre fue sumamente activa e intranquila; pero jamás le pasó por la mente a su madre que esa superactividad era producto de un problema tiroideo. Al comenzar este año escolar recibió quejas de la maestra de que la niña no se mantenía tranquila en su asiento como el resto de los niños.

Se llegó a pensar, cuenta la madre, que su problema era el ser superdotada; mientras que una consejera escolar pensó lo contrario, que lo suyo era un problema de falta de atención. «Y hasta un sicólogo diagnosticó que su intranquilidad era que Kayla buscaba atención, por celos, por el advenimiento de un hermanito».

Por otra parte, la niña comenzó a quejarse de dolores en el pecho, y la madre la llevó a un cardiólogo, que le encontró «sólo un pequeño soplo y el querer llamar la atención».

Más cuando la madre vio que el dolor del que se quejaba la niña interfería con las actividades que más le gustaban, decidió llevarla a una médico general para una evaluación completa. No había terminado el médico de leer los resultados de los exámenes, cuando la niña sufrió de un fuerte dolor en el pecho.

Inmediatamente fue llevada a emergencia porque el médico temía, viendo los resultados, que algo funcionaba mal en su corazón.

«Le hicieron un electrocardiograma, y encontraron que su corazón latía con demasiada potencia; como si estuviera haciendo ejercicios. Y en la radiografía efectuada por el cardiólogo pediátrico se notó una estrechez en el cuello, compatible con una tiroides hipertrofiada», relata la madre.

Al fin, luego de un largo tiempo, llegaban a la raíz del problema: «La tiroides le causaba que el corazón bombeara fuertemente y le provocaba un reflujo en una de las válvulas», dice la mamá. La que encontró entonces una lógica al comportamiento de la pequeña en los últimos meses: «el no poder mantenerse sentada por un período de tiempo razonable para su edad; el estirón que dio en su estatura; el aumento en dos tallas de los zapatos y esa pequeña protuberancia en los ojos que a veces le notaba».

Con síntomas que enmascaran un sin fin de desórdenes médicos y mentales, siempre se hace difícil -no sólo en los niños, sino en los adultos- diagnosticar un problema en la tiroides; esa glándula en forma de mariposa situada en el cuello, bajo la manzana de adán.

La mujer más rápida del mundo, Gail Devers, encabezó una carrera para ganarle la partida a la tiroides, junto con la Asociación Norteamericana de Mujeres Médicas (American Medical Women’s Association), que dedicó un mes del año en el estado norteamericano de Florida para una campaña, ofreciendo educación y pruebas gratis por todo el estado.

Devers tuvo razones poderosas para ser parte de esa campaña. Pues durante dos años y medio luchó contra un problema de la tiroides sin que se le diagnosticara, sintiéndose exhausta y como si su cuerpo estuviera fuera de control. La enfermedad le hubiera costado sus sueños, si no se la hubieran detectado al fin.

«Nadie tiene por qué sufrir lo que yo pasé, y afortunadamente, si se sabe buscar los signos y síntomas de la enfermedad no hay por qué pasar por eso», dice la corredora, ganadora de una medalla de oro olímpica.

La campaña ha tenido por meta alertar a la comunidad y enseñar el papel «central» de esta glándula, especialmente, a aquéllos que corren más riesgo de padecer de problemas en ella: los ancianos y las mujeres. Y para más de tres millones de personas mayores y jubiladas que viven en Florida, el riesgo de desarrollar estos trastornos es particularmente alto, con casi 20 por ciento de mujeres y 10 por ciento de hombres sufriendo de la enfermedad a la edad de los 60 y más.

«Desafortunadamente, muchos pacientes mayores asumen que sus padecimientos físicos son señales de la edad, cuando pudiera ser un problema de una tiroides poco activa», dice la doctora Carmelita C. Eburuche. «Si ese desorden no se detecta y trata, los niveles de colesterol se pueden elevar; provocar a largo plazo complicaciones de los órganos y empeorar la osteoporosis».

Las tiroides regula el metabolismo y las funciones de los órganos; produciendo hormonas esenciales para ellos, así como para los tejidos y las células del organismo. Sus padecimientos se presentan ya con una glándula hiperactiva que conduce al hipertiroidismo o con el hipotiroidismo, o sea, con deficiencia de secreción glandular.

En caso de hipertiroidismo -el que se detectó a Kayla-, además de los síntomas ya mencionados, hay pérdida de peso, intolerancia al calor, temblores musculares, insomnio, problemas de visión o irritación de los ojos.

En cuanto al hipotiroidismo, éste se presenta con falta de energía, frío, piel reseca, aumento del peso, entre otros síntomas.

Para detectar los problemas se han creado pruebas en las que se estimula la glándula y se comprueban sus niveles hormonales. Se recomienda a aquéllos que corren riesgo que se hagan las pruebas con la misma periodicidad con que se chequea la presión arterial alta, el colesterol, el cáncer de la mama.

Los tratamientos consisten en tomar tabletas de hormona sintética si de hipotiroidismo se trata, o tomar medicinas que reducen la actividad de la glándula, o se emplea el yodo radioactivo para desactivar el tejido en los casos de hipertiroidismo. Pero en casos extremos se recurre a la cirugía para extraer parte o toda la tiroides. Y luego se recetan hormonas sintéticas.

Luego de dos semanas de tratamiento medicinal, Kayla le dijo por vez primera a su madre que le gustaba el colegio. «Está más contenta, es otra niña», confirma la madre.

MIÑUCA VILLAVERDE

1 comentario

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  1. carmina reyes

    14/05/2010 at 21:07

    mi hija tiene 9 años, tiene 1 año aproximadamente que empezo a subir de peso, pero la talla solo aumento en la barriga, siempre ha comido lo mismo.incluso la empeze a restringir de antojitos, porque pense que era eso ,pero es la misma solo le crece la barriga,y ya que lei sobre la tiroides, y los sintomas , ella coincide en varios,como se le hace el examen a ella?. mi hermana la mayor, tiene problemas con la tiroides,no come casi,y esta gorda,toma la pastilla pero no le funciona muy bien.